Zu: El dolor de las mentiras

Hace un tiempo, será cosa de tres o cuatro meses en casa sucedió algo inesperado con mi mayor. Algo que nunca antes había sucedido y que despertó mis alarmas de madre, que me decía que algo estaba empezando a fallar y tenía que buscar una solución para que no se repitiese, y para que A. entendiese a la perfección el mensaje que yo tenía en ese momento en mi cabeza.

Supongo que debe ser por la edad, que ya empieza a ser una etapa un pelín más compleja ya que una pequeña parte de la infancia va quedando atrás para dar paso a esa preadolescencia que tanto me aterra. Aunque aún es una niña, y en el fondo me temo que a mis ojos siempre lo será.

Ya hace un tiempo que A. como “mayor” puede ir a comprar al super que está junto a casa. Para ella fue una gran paso en su pequeña independencia, para valorar un poco más que ya es algo más mayor, y es algo que le encanta… ¿ a quién no le gustó sentirse mayor siendo aún un niño, verdad?

Pues una de estas tardes en que nos quedamos en casa A. fue a comprar, ya no recuerdo ni el qué… la cosa es que al volver, le faltaba dinero del cambio, como un euro. Yo como soy una maniática de revisar siempre facturas y tickets de la compra pues me di cuenta y se lo comenté.

A. me aseguraba que ella no sabía nada, aunque yo por la cara que estaba poniendo ya sabía que me mentía. Así que le insistí, y cuando por tres veces me aseguraba no saber nada del tema le dije que muy bien, que me acompañara al supermercado para avisar a la cajera de que se había equivocado y le había devuelto de menos. Su cara en ese momento se hizo un poema. Yo obviamente ya sabía lo que había pasado pero no lo mencioné, quería que fuese ella la que lo dijese (me gusta que mis hijos acepten y asimilen que han cometido un error) así que empecé a preguntarle si estaba bien, que su cara le había cambiado. Acepto que aquí se puede decir que “abusé” un pelín de nuestra confianza, de conocerla tan bien, para conseguir que confesase su pequeño delito. Y como la conozco tan bien como que la parí yo, sabía que terminaría confesándolo.

Al contarme que efectivamente no le habían devuelto de menos, sino que se comió unas chuches por el camino, tuve sentimientos encontrados; por un lado mi enfado ante lo que había hecho, por otro el desconcierto de que no me lo hubiese pedido y lo hubiese cogido sin más, pero sin duda lo que más me preocupaba sobre todo, fue que al preguntarle me mintiera. Así que como realmente yo ni sabía bien lo que sentía, y ella también se sentía un poco agobiada en ese momento por lo que había hecho, decidí que nos daríamos un ratito de reflexión para pensar bien en lo sucedido y después charlar de una forma tranquila.

Pasamos como una hora, donde sinceramente y a pesar de poder caer en el término de mala madre, me alegré de verla triste. Y no quiero decir que me alegre por la tristeza de mi hija, porque para nada es así, pero sí me alegré de poder ver que mi hija sabía que eso no se debia hacer, que había cometido un error y que no lo veía como algo normal.

Después del tiempo de reflexión, no hice más que hablar con ella. Explicarle la gravedad de lo que había hecho con todas sus letras, robar. Quería que comprendiese que no se puede hacer eso sin permiso, ya sea de mamá, de papá, o de la persona que sea, no está bien hecho. Y dimos paso al tema de la confianza. Le expliqué claramente que yo necesito confiar en ella, que necesito saber que cuando le pregunto por algo y me dice que ella no sabe nada o que ella no ha sido, yo necesito saber que es verdad. Y necesito sobre todo saber que tiene la confianza suficiente para no mentirme y contarme sus errores.

Aunque parece una conversación un poco dura para una niña de diez años, he de decir que me alegro muchísimo de haberla tenido. Porque mi hija entendió perfectamente lo que yo le queria transmitir, entendió que no se trataba de ese euro insignificante sino que era algo que iba mucho más allá entre las dos, y al ver esto yo sentí que no habíamos perdido nada con lo que había hecho, sino que habíamos vuelto a ganar un montón entre las dos.

He de decir que hasta el día de hoy jamás ha repetido un acto así, y aunque no quiero ni me gusta cantar victoria hasta el día de hoy puedo decir que esa conversación dio sus frutos y cumplió el fin que tenía y mucho más.

19 comentarios

  1. Zu, has aplicado una forma de enseñar que nos es agresiva, si no más bien reflexiva y eso da muy buenos resultados.
    Creo que A ha entendido muy bien lo que le planteaste. Y la victoria también es tuya.
    Saludos

    • Sí Pam lo entendió perfectamente, y la verdad es que es una satisfacción ver que la conversación da sus frutos. Besos!!

  2. Michele Silva – Canarias – Exagerada, sin medida, sin remedio. Viviendo en un mundo que a menudo se le hace estrecho...
    Michele dice:

    De conversación dura nada, ha sido una clase maestral!
    Tenemos que hacer que entiendan lo que está mal, porque si hubieses tenido una actitud de «fue un euro, no pasa nada» posiblemente esta seria la primera piedrita que estarías colocando entre vuestra futura comunicación. Me apunto la lección para aplicarla por aquí.
    Un besote Zu.

    • Para nada Michele por muy poco que sea, no se trata del dinero sino del acto, y la verdad más que el acto que puede ser hasta un punto normal en los niños me preocupó mucho su mentira, pero parece ser que todo va bien. Besos!!

  3. Has hecho muy bien Zu!! Y la forma de hacérselo entender ha sido fantástica. Con diez años ya tiene edad de reflexionar y es muy importante que se lo hayas mostrado desde la calma y el diálogo.

    Ya sabes que no soporto las mentiras. Espero que al llegar a esas edades, cuando ya son mentiras para escapar de un castigo o tapar algo, sea capaz de hacer lo que tú has hecho. Porque realmente has conseguido mucho más que si la hubieras castigado o gritado.

    Realmente bueno tu post mi niña. Besos brujeriles

    • Así es bruji, un castigo o un enfado no nos servía de nada en ese momento, aunque yo realmente estaba bastante enfadada y pro eso decidí esperar un poco para hablarlo. Cuando los peques ya llegan a la edad de A. es mejor una buena conversación donde ellos entiendan. Un beso!!

  4. Zulema… muy bien afrontado! Creo que lo importante es que ambas habéis aprendido de éste suceso… Es triste, muy triste cuando nos enfrentamos a ello, pero mas triste aún es ver que el engaño ya hace parte de nuestro día a día… vaya sociedad ejemplar la que estamos dejando a nuestros hijos!. Un abrazo.

    • Gracias Cata, la verdad es que ese es el sentimiento que me invadió, la tristeza de ver que me estaba mintiendo.. pero por suerte hablándolo ha sabido comprender y no se ha vuelto a repetir, un beso!!

  5. ¡Mama qué sabe! – Nótese la diferencia que puede suponer algo tan sencillo y simple como una tilde: ¡Mamá qué sabe! está tan lejos de la realidad de una mamá que sabe... Soy madre las 24 horas del día de un hijo de 10 años y una hija de 22 meses; pero también soy mujer, esposa, trabajadora... Y amiga, también soy amiga. Puedo ser esa desconocida amiga en la distancia...
    ¡Mamá qué sabe! dice:

    Son etapas como bien dices, pero lo importante es esa reflexión y diálogo que tuvisteis; porque hay que ser firme y directa y exponer la regla y el por qué existe.
    La confianza es un pilar básico en una familia y hay que mantenerlo intacto.
    Yo igual que tu lo que vería peor es la mentira, no el tomar dinero, porque han de saber aceptar sus responsabilidades, y si lo tomas, te arriesgas y has de asumirlo, con lo que si te pillan has de afrontarlo y no esconderse.
    Muy buena gestión!

  6. Así pienso yo también… si haces algo debes asumir lo que has hecho. Las mentiras siempre traen dolor, y la verdad es que cuando llegan de tu propio hijo, por muy chorra que sea duelen y te crean alarma. La verdad es que su actitud en ese momento me dio pánico, pero fue un hecho aislado. Besos guapa!

  7. Soñando Duendes – Madrid – Soy Carolina Sánchez, mujer, madre, hija, hermana, compañera, amiga… Desde 2013 realizo talleres y asesorías a domicilio. Como Asesora puedo acompañarte y asesorarte, en lactancia, postparto, porteo, alimentación complementaria, sueño infantil, control de esfínteres y desarrollo normal del niño sano. Soñando Duendes es mi proyecto de vida, un lugar donde puedes encontrar información actualizada, servicios a tu medida y productos varios destinados a hacer tu crianza más sencilla. Mi continua formación me ha aportado, además de amplios conocimientos, experiencia, y, sobre todo, autoconocimiento y crecimiento personal. Soy Asesora de lactancia, Asesora Continuum® y me he formado en psicología en crianza consciente. Puedo ayudarte, desde la experiencia, la evidencia científica y mi acompañamiento, a resolver todas tus dudas en torno a tu maternidad y vuestra crianza. Para ello puedes ponerte en contacto conmigo para concertar una asesoría individualizada o asistir a uno de los talleres que imparto. Como Asesora de maternidad y crianza me esfuerzo siempre en ofrecerte la información personalizada a tus necesidades, desde la evidencia, la honestidad y la empatía. Porque no existen fórmulas mágicas. Yo sólo te ofrezco la información y las herramientas para que vosotros como familia encontréis vuestra manera de funcionar. Bienvenid@
    Carol dice:

    Creo que lo has llevado muy bien. Hablaste con ella y supiste trasmitirle lo que querías. Me alegro mucho de que eso os uniese más si cabe.
    Un abrazo

    • Gracias Carol, lo cierto es que sí! si sentí en el momento que sucedió que algo se rompía después de esa conversación me di cuenta de que fue todo lo contrario, besos!

  8. Creo que lo hiciste estupendamente! Al principio casi me muero al saber que la dejaste ir sola al super, yo creo que no voy a estar preparada en la vida para darle ese margen. Vale que aún es pequeña -3 años-, pero el tiempo pasa taaaaaan deprisa.
    Me ha gustado ese ratito de reflexión, y la conversación tranquila con tu hija. Yo soy muy nerviosa, y me hubiera comido esa hora, pero tengo claro que para educarla, hay que ser paciente y comprender y dialogar.
    Tomo nota de tu actuación, y ya te contaré como lo hice con una mentirijilla de celos 😉

    Besos guapetona

    • Es difícil Marta, pero lo cierto es que nuestros hijos crecen y nosotras debemos crecer con ellos, darle las «armas» para que sepan defenderse y asegurarnos de que hacen lo correcto. Como todos en nuestro día van necesitando esa libertad, pero es cierto que nos aterra. Gracias preciosa un besote!

  9. Una madre como tú – Madre, trabajadora, bloguera, intentando #conciliar. Me gusta compartir mis pensamientos y aprender con otras madres. Me encanta el DIY. ¿Me acompañas?
    Orquidea Dichosa dice:

    Pues me parece todo un acierto, y a mí personalmente me has dado una lección sobre cómo actuar en un caso así. Mi peque aún es muy peque para este tipo de conversaciones, pero sin duda hay que estar preparado para ello, porque tarde o temprano llega, y nuestra capacidad de reacción es muy muy importante. Me gusta especialmente el tomarse la pausa para pensar y decidir con calma el siguiente paso, algo que sin duda puedo ir aplicando ya 😉
    ¡Gracias por compartirlo!

    • En este caso la pausa más bien fue forzada, fue una de esas situaciones que jamás me esperaba y me pillo por sorpresa, la verdad es que en ese momento yo ni sabía muy bien qué hacer. Gracias guapa un beso!

  10. A veces es mejor una buena conversacion que una torta me alegro de que tu hija lo haya comprendido.y si alguien le dio esa idea ha a?porque conociendola como la conozco me extraña eso de ella

    • María la conversación es la clave de todo! Si alguien le dio o no esa idea a A no lo sé, pero creo que es algo sin importancia en este caso. Lo que sí importa de verdad es que A sepa diferenciar lo que está bien de lo que está mal, y como dices sí que es raro en ella, pero simplemente es una niña y la situación se podría dar con cualquier otro niño… un besote!!

  11. La etapa preadolescente y adolescente no me da miedo Zulema…me da pavor!! ¿Qué hacer cuando miente? y lo más importante ¿Porqué miente?. Que la policía no es tonta (como se suele decir) y siempre te acaban pillando. Me encanta cómo has solucionado el problemilla (que con los años podía haberse visto engrandecido). Ya no era por el euro, era por la mentira. ¿Tenía que haber pedido permiso? Claro que sí, pero la cuestión es que cuando le preguntaste te tenía que haber contado la verdad. Porque si algún día se meten en un lío «gordo», los que te pueden ayudar son tus padres (o eso es lo que me ha dicho siempre mi Madre y para mi tiene toda la razón). Me ha encantado la lección, gracias 😉

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