Zu: La operación de G

Y el tan esperado y temido día llegó…

El jueves a las doce de la mañana nos encontrábamos en el hospital listos para el ingreso y la operación del enano. En seguida nos registraron y nos guiaron hasta la habitación que teníamos asignada.

Cuando llegamos sólo había un pequeño que en ese mismo momento se marchaba ya a casa después de 8 días hospitalizado, así que estuvimos solos durante un ratito que le sirvió a G como una pequeña adaptación a ese nuevo lugar en momentos de nervios.

Abuelita y tíos también se vinieron desde la otra isla para estar en esos momentos con el enano, cosa que él agradece mucho porque se le ilumina la cara cuando les tiene cerca. La habitación comenzó a ser un desfile de familiares que venían a darnos ánimo, antes o después de la operación, y el enano por supuesto encantado. Entre risas y regalos pasamos las dos primeras horas de espera.

Al poco más pequeños fueron llegando a la habitación hasta completar las cuatro camas, es bárbaro la cantidad de operaciones que se realizan a diario a pequeños… G prácticamente estaba en su mundo, con mamá y los familiares que le visitaban y apenas prestó atención al resto de niños que se encontraban en la habitación, se aferró a los suyos y pasó todos esos momentos con nosotros.

La intervención estaba programada para las cinco de la tarde, pero una hora antes de lo previsto vinieron a buscarnos. Yo bajé con mi enano bastante nerviosa ante lo que se aproximaba.

Nos dejaron en una salita donde irían a buscarle para pasar a quirófano, y en ese rato de espera donde ya se notaban claramente los nervios del enano no pude hacer más que apoyarle y sobre todo distraerle. Entre los dos inventamos cuentos, repasamos los dibujos de la pared cantando las canciones de las películas, inclusó bailé el mossa mossa para él…

Al ratito vinieron a darle un jarabe que supuestamente le calmaría y dejaría atontao para ir a quirófano. G tomó el jarabe práticamente encantado, pasó el tiempo y eso no le hacía nada. A cada rato venían a ver si le había hecho efecto pero no, este niño es puro nervio. Terminó hasta preguntando cómo le iban a abrir, él quería saber realmente qué le iban a hacer en ese quirófano y así fue, se lo explicaron. Yo me quedé bastante asombrada al ver lo bien que reaccionó y lo tranquilo que marchó a quirófano.

La verdad es que la hora y poco que pasé en la sala de espera mientras le operaban no se la deseo a nadie, fueron unos momentos muy angustiosos para mí, donde se me pasó de todo por la cabeza. Sobre todo también me preocupaba que mi enano despertase después en un lugar desconocido, prácticamente “borracho” de la anestesia y donde no conocía a nadie. Pero desde aquí quiero dar las gracias por tener la delicadeza de dejarle dormido y avisarme a mí, para que nada más desperar me viese a mí y a nadie más, para que estuviese tranquilo.

Y tras una hora y poco ahí estaba G en reanimación, ¡roncando!

Estuve a su lado unos diez minutos, tocándole, acariciándole, moviéndole… y el niño seguía roncando, costó bastante despertarle, y aún sin abrir del todo sus ojitos preguntó -Maaaaami ¿ya me operaron? Jaja qué gracia me hizo pobrecico mío.

A las dos horas el enano ya estaba de nuevo en la habitación viendo dibujos y recuperándose… fue una noche larga pero al menos él descansó que se lo merecía mucho

¡se portó como todo un campeón!

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