Vigilancia a los menores en la red, ¿seguridad cibernética o desconfianza parental?

Menores en la red… 

Ordenadores con acceso a internet en el cuarto donde el menor se encierra a navegar, teléfonos móviles y tablets que ni los propios padres son capaces de manejar mejor que el niño, nativos digitales que se manejan por la red por puro instinto, padres que se resisten a usar las nuevas tecnologías y aprender de ellas para poder formar, o que si bien hacen uso, no son capaces de reconocer los peligros que existen o simplemente se niegan a verlo y aceptar la posibilidad de que si no hay un control real, también puede pasarle a su hijo.

Todas las opciones mencionadas en el anterior párrafo (y seguro que algunas más) son circunstancias que se dan cada día en muchos hogares. Cada día muchos niños se dan de alta en diferentes servicios que sus padres ni conocen ni entienden el potencial que tienen, así como el peligro que puede hacerle correr al menor.

Sé que insisto muchísimo en este tema, pero si lo hago es porque veo cada día que sigue faltando un conocimiento real a lo que todo esto puede llegar a suponer. Cada día en las noticias salen casos de abusos a menores que se dan en la red, pero aún así se quiere hacer ojos ciegos a este gran problema.

Y no, aunque tu hijo sólo hable con X amiga por el whatsapp, aunque no acepte en su Facebook a nadie que no conozca, aunque tengas instalado un buen control parental nada es suficiente ni seguro. La protección del menor en la red somos nosotros, sus padres, con nuestra presencia y supervisión. Si no supervisamos a los niños en la red, en cualquier momento, en cualquier segundo de esa conexión el pequeño puede establecer, sin quererlo ni buscarlo ni saberlo, un contacto que pueda suponer un peligro real.

Igualmente pueden hacer uso de aplicaciones que expongan entre otras su ubicación actual, exponiéndolo aún más ya que su localización sería relativamente fácil. Por poner un ejemplo, si tenemos a un niño charlando en Facebook con algún amiguito y recibiese un mensaje de un desconocido sin haber ajustado en la privacidad que no muestre tu ubicación en el chat (que muy pocos deshabilitan esa opción), al responder a ese desconocido aunque sea para decirle “déjame en paz” ya le estaría dando muchos datos que harían muy fácil encontrarle.

Esto no sólo sucede en Facebook, casi toda red social y múltiples aplicaciones disponen de esta opción. Si además hablamos de menores ya más mayores, dentro de la adolescencia, debemos contar con el conflicto que seguramente nos va a suponer aplicar unas reglas para el uso de internet desde cualquier dispositivo.

Normalmente a partir de los 12-13 años los niños se ven ya mayores y autosuficientes, aunque todos sabemos que esto es algo que no puede estar más lejos de la realidad. Creen tener una madurez de la que realmente carecen, y es nuestra obligación asegurarnos de su bienestar y evitar riesgos innecesarios.

Aunque veamos que nuestro pequeño ya no es tan pequeño no quiere decir que ya no necesite la supervisión cibernética, todo lo contrario, ahora más que nunca debe tener supervisión pero sobre todo, formación en el 2,0 para que sepa darle un buen uso a todas estas herramientas. No se trata de espiar ni de esconderse, sino de explicar abiertamente los riesgos a los que se exponen y establecer unas normas.

Hace cosa de un mes lancé una encuesta sobre la seguridad que aplicamos en internet para nuestros niños, y curiosamente un 40% de edades comprendidas entre 6 y 10 años ya dispone de un dispositivo móvil propio desde el que puede acceder a internet. Y un 30% está convencido de que un control parental es suficiente protección para que el pequeño pueda navegar en la red porque “le impide ver contenidos no apropiados”.

Un control parental no es garantía de nada cuando un niño se encuentra frente a un ordenador, mucho menos si hablamos de un dispositivo móvil propio con el que pueda acceder habitualmente a la red. No pensemos sólo en contenidos que sean o no apropiados a su edad, pensemos en todas y cada una de las vías de contacto y de toda la información que un niño, de forma inconsciente puede ir dejando sobre sí mismo y sus actividades en la red.

  • Respetemos las edades de los niños y no permitamos que hagan uso de herramientas para los que no estén preparados. Un ejemplo de ello puede ser el uso de redes sociales o un whatsapp propio a edades tempranas. En la red la información corre muy muy rápido y es muy complejo deshacer lo que un niño por desconocimiento pueda difundir tanto sobre sí mismo como sobre terceras personas. No tienen madurez para entender los peligros y gravedad real de ciertas cosas.
  • Respetemos la edad de uso de cada aplicación, por más inofensiva que parezca si se ha establecido así es porque realmente no se considera apta para edades menores.
  • Acompañemos en la navegación de forma presencial. Es la mejor forma de saber cómo y dónde se mueven nuestros hijos en internet y poder ir dándoles una formación de este mundo virtual que mañana les será de gran ayuda y seguridad.
  • Enséñale a guardar su privacidad y no compartirlo todo. Es muy importante que los niños sean conscientes que no todo puede compartirse en internet y que sus cosas privadas deben quedar en privado.
  • Ayúdale a crear contraseñas seguras que no comprometan posteriormente su correo electrónico entre otras cosas.
  • No asustes ni metas miedo exagerando los riesgos de nada. Se trata de formar y prevenir pero no de asustar a los pequeños con una herramienta que para bien o para mal, van a necesitar en su día a día. Ajustemos la formación a la realidad y a la seguridad que el niño va a necesitar, sin causarle temor a usar la herramienta.

 

No tengamos miedo a establecer una supervisión en la red a nuestros hijos, no se trata de romper el vínculo de confianza sino de asegurarnos de su bienestar. Como padres también forma parte de nuestras obligaciones comprobar que los niños hacen un buen uso de estas herramientas y no están corriendo peligros innecesarios.

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