¡Verano! ¿Y si te tiro al agua?

¡Verano! ¿Y si te tiro al agua?

  En apenas unos días nuestros pequeños ya estarán de vacaciones y daremos comienzo a la temporada de verano. Muchas familias pasarán numerosos días disfrutando en familia, bien en la playa o en la piscina.

En mi caso al vivir en una isla y a muy pocos minutos de la playa, es más habitual que pasemos los días en ella. En mi familia es habitual ir a la playa todos juntos. Con todos juntos me refiero a que muchas veces acudimos con tíos, primos, abuelos, y toda clase de familiares, y entre nosotros no siempre compartimos la misma forma de entender la crianza, ni mucho menos el respeto hacia los niños. En mi mente mantengo muchos recuerdos de mi infancia angustiosos relacionados a la playa o piscina.

Yo siempre fui una niña bastante reservada y miedosa, el agua nunca terminaba de convencerme así que cuando me apetecía bañarme, siempre me aseguraba de hacerlo en una zona que considerase segura, donde tuviese para agarrarme fácilmente. Justo por esto tardé mucho más de lo habitual en niños para aprender a nadar, no me hacía ninguna ilusión, me daba auténtico pavor verme rodeada de agua. Mis padres siempre fueron muy respetuosos con este miedo que yo sentía, lo comprendían, pero en alguna ocasión no supieron pedir para mí el respeto que en ese momento necesitaba. Esto lo digo porque al igual que mis padres me entendían y respetaban, sin forzarme en ningún momento, igual algún familiar o amigo que nos acompañaba no lo entendía así, ¿y qué sucedía? Que surgían las habituales bromas de tirar al niño al agua, de mojarle, de forzarle… en fin, esas personas que sienten la necesidad de forzar a otras para realizar una actividad para la que aún no se encuentran preparados.

Pueden pensar que realmente es gracioso, e incluso que realmente van a ayudarte haciéndolo de esa forma, pero lo cierto es que se equivocan. Hacer pasar a un niño por una experiencia desagradable no le ayudará en nada a perder ese miedo. Eso es algo que se consigue poco a poco, respetando su ritmo, acompañándole y dándole confianza, pero nunca consiguiendo que el pequeño pase un mal rato. Lo mismo podría decir con las personas que no soportan el agua fría. Yo misma no puedo con ella, y cuando voy a una piscina (a día de hoy en la playa evito a toda costa meterme en el agua), aún a mis 30 años siempre sale la “coña” de tirarte a ella.

¿A nadie se le ha ocurrido que si me quiero bañar ya lo haré yo por mis propios medios? Con los niños sucede lo mismo, si a un niño no le gusta el agua fría respétenle, por favor. Muchísimas personas necesitamos entrar en piscinas lentamente, mojándonos poco a poco y esperando el tiempo que necesitamos para que nuestro cuerpo se adapte a la temperatura del agua.

Ahora que empieza el verano, si en algún momento se te pasa por la cabeza gastar ese tipo de bromas párate a pensarlo, piensa si a ti te gustaría que te fuercen a hacer algo que te desagrada, o que incluso utilicen la fuerza sin dejarte otra opción. Si no te gusta ser presionado no presiones a nadie, aunque sea para un ridículo baño en el verano.

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