Zu: ¡Tierra trágame!

bajo tierra

El otro día les contaba lo que supone ir de compras con los enanos, y más cuando a G le da por hacer sus gracias como la de tetita tetita.

Pues bien, G ha vuelto a la carga, cada día con cositas diferentes pero todas ellas donde te deja más colorá que un tomate y sin saber dónde meter la cabeza. Está más que visto y comprobado que los niños no conocen lo que es la vergüenza, son todo pureza. Para ellos a sus siete años casi todo es muy normal y correcto, que no digo que no sea normal pero lo de correcto… ejem

La verdad es que no sé el por qué volví a hacerlo, claro que tampoco tengo muchas más opciones pero dado que el otro día recordé perfectamente lo que era ir de compras con los enanos debería haberlo meditado un poquito más. Pero no, ahí fue mamá con A y G de compras una vez más, decidida a buscar pantalones, camisetas, bikinis y de todo un poco para los enanos, que crecen que no veas y a cada momento parece que vuelven a estar desnudos.

Llegamos a la tienda y tanto A como yo cogemos un cesto, de estos que son tan grandes (y yo tan bajita) que voy casi arrastrando por todos lados. Juro que durante los primeros cinco minutos estaba sorprendida por la tranquilidad que aparentaba la cosa, pero claro, no podía ser más que una ilusión para que no supiese la que nos esperaba.

La pesadilla empezó justo en el pasillo de las zapatillas. Ahí estaban los jodidos gormitis talla 32 que a G ya no le caben ni en el dedo. Y no, no tenían más números. El conjunto G, gormitis, no hay número para él, es una mezcla que te puede reventar en toda la cara, porque si tenías la esperanza de salir de ahí con unas nuevas zapatillas para él ya te puedes ir olvidando. O le consigues esas, o no se pondrá ningunas. Supongo que no debe ser nada malo que los niños no sean tan flexibles en cuanto a sus gustos e ilusiones, pero cuando vas a contrareloj a las ocho de la tarde con muchas cosas por mirar te pone los pelos de punta, lo juro. Como podrán adivinar adiós zapatillas, tarea que queda pendiente aún.

Segundo reto de la tarde, los pantalones cortos de A. Y es que a esta niña no sé qué le puede estar pasando que su gusto a mí personalmente me escandaliza. Donde haya estampados florales, y quien dice florales dice lo más horroso que puedas ver en una tienda, ahí está A con su “mamá, mamá, ésteee”!! y tú con tu cara de “no puede ser cierto, es imposible que esa cosa le guste”. Pero sí, le gusta y va totalmente en serio. Por lo que empieza la lucha en encontrar pantalones decentes, intentar “vendérselos” como que son lo más de lo más, y llevarnos uno de esos pantalones horrorosos que a toda costa evitaré que se ponga fuera de casa. Debe ser esta preadolescencia que ya nos trae locas, pero espero que su sentido del gusto vaya mejorando con el tiempo.

Y así continuamos pasillo tras pasillo, entre G no toques eso, no tires los percheros, A mira qué bonito!! No mamá por dios eso no!!! que sí que vas a estar guapisima!!! mamá gormitiiiiis!!! mamá bob esponjaaaa!!!! mamá mira estas sandalias!! que no A con tacón no que no tienes edad!! G no te vayas ven aquí!!! ya se pueden imaginar lo que me supone a mí ir de compras solita con los dos pequeños guerreros, termino sudando no, lo siguiente.

Pero bueno, a pesar de todo superamos la prueba y salimos de ahí con casi todo. ¿Qué toca ahora? La lucha de Mc Donalds sí, Mc donalds no. ¿Por qué están siempre justo a la salida del super? Es un horror!! y es que no me gusta nada llevar a comer a los niños a estos sitios. Así que después de otra batalla consigo convencerles de subir a la cafetería de la terraza. Pobre de mí tampoco sabía la que me esperaba…

Todo estaba en la normalidad, estábamos cenando felizmente al fresquito con todas nuestras compras (qué me gusta este momento). A y G bromeando entre sí y el camarero riéndoles las gracias. De repente todos estamos calladitos cenando cuando grita G:

¡Mamá mamá! ¡me acabo de tirar un peo que no ha sonado!

Como se podrán imaginar esto no lo dijo en voz baja no, lo grito a los cuatro vientos, pero no se quedó ahí.

¡Fos mamá! ¡no sonó pero qué peste!

A me miraba que parecía que los ojos se le iban a salir de la cara. Joder joder joder no puede ser cierto, G no puede estar gritando esto en plena cafetería y toda esta gente no puede estar mirándonos.

A empieza a descojonarse, yo la miro para que no se ría pero ya es imposible, los tres estamos totalmente descojonados.

No es algo correcto, pero ¿qué le vamos a hacer? ¿Son niños no?

13 thoughts on “Zu: ¡Tierra trágame!

  1. Jaajajaja leyendo tu post he pasado por toda clase de estados de ánimo; estrés, ansiedad, frustración, vergüenza y por último risa, mucha risa. Porque tienes razón, son niños!. Ellos nos ponen la sal a nuestros días jajaja
    Besos

  2. Ja ja ja ja ja ja, la verdad, no sé si reírme o llorar. He terminado con estrés sólo de imaginarme en la situación y encima termina como termina. Ja ja ja ja, ¿qué le vamos a hacer?¡Son niños y los niños niños son!

    Besitos

  3. Lo correcto es que habéis acabado a risas y eso es lo que importa!
    Como te entiendo hija, mis hijos son tom y jerry y no se cortan en pelear en todos lados, a la hora de salir de compras sueltan su mejor repertorio estilo “que me meo” a toda voz, o “que me ca**” y cosas así.
    Besines Zu!

    1. ayy Michele los míos son igual, no se cortan un pelo jajjaaj eso es que aún no tienen el sentido de la verguenza, ya les llegará algún dia y si no, tampoco pasa nada, Un besote!

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