Para educar se necesita SER

Para educar se necesita SER

 

 

Educar a un niño no es una tarea sencilla. Muchas veces, los adultos nos limitamos a las “instrucciones” o “enseñanzas” por palabras pero después el ejemplo deja mucho que desear. Se le envían al niño mensajes contradictorios sin siquiera darnos cuenta.

¿Cuántas veces has podido ver que se le diga a un niño que debe acabarse un plato, mientras el adulto deja comida en él? ¿Cuántas veces has podido ver que se le dice a un niño que no debe pegar, dándole una torta por haber pegado?

A un niño se le pueden enseñar muchas cosas, pero lo cierto es que para poder educarles realmente, primero debemos ser nosotros. Ser lo que le queremos enseñar. Ser su aprendizaje mediante la repetición constante basada en el ejemplo. Incuso desde antes de que nazca nuestro hijo debemos ir reeducándonos en muchos aspectos, valorar cómo queremos educarle y criarle e ir actuando en consecuencia a ello. Desde el momento en que decidimos que queremos ser padres, debemos comenzar un trabajo interior muy grande para ofrecerle después a nuestro hijo, la mejor versión de nosotros mismos que le podamos dar en ese momento.

Nunca nos servirá de nada enseñarle mediante la palabra repetida si nuestros actos le muestran algo diferente. A un niño por mucho que le digas, tomará por válido lo que ve día a día, lo que le rodea. Los niños absorben lo que ven, no lo que escuchan. El mejor aprendizaje para ellos está basado en el ejemplo. Si nosotros mismos hacemos a diario lo que le pedimos que haga, si actuamos y respondemos como le pedimos que actúe y responda, el niño lo hará porque es la forma que conoce y ve. Sin embargo si le damos una pauta contraria a nuestra forma de actuar, es posible que tome por válida la pauta de actuación y no la que se le dice de palabra.

 

EDUCAR Y ENSEÑAR SER

 

Con el entorno que le rodea nos sucede exactamente lo mismo. No tengamos miedo a poner límites, no tengamos miedo al qué dirán. Si tienes claro por ejemplo, que a tu hijo no se le debe educar mediante gritos, no permitas que nadie lo haga. Si tienes claro que no pasa nada porque el niño no deje el plato vacío, no permitas que nadie le obligue, ni chantajee, ni le burle por no hacerlo. Aprende a poner límites no sólo al niño, sino a los adultos que le rodean. Proteje tu forma de educar más allá del qué pensarán o qué dirán. La coherencia en la educación de los niños es una gran clave que nos hará gran parte del trabajo, y a medida que la edad de los niños aumenta, este trabajo se intensifica y se complica si no lo has trabajado anteriormente.

Hace un tiempo, en un artículo comenté que no me gustaba hablar de crianza con apego sino de crianza respetuosa. Ciertamente la crianza respetuosa tiene cambios respecto a la crianza que hasta hace muy poco se practicaba de forma general, donde se han considerado a los niños como inferiores sin voz ni voto. Hemos entendido que los niños son personas, y como tal merecen un respeto, a pesar de su inmadurez. Este tipo de crianza no se pierde. Es el inicio de un camino magnífico que te permite ir trabajando tu relación a futuro con el pequeño. Obviamente hay momentos en que a pesar de escucharles no podemos tener en cuenta su deseo y necesidad real ya que si bienestar y seguridad prima por encima de todo, y su inmadurez, sobre todo en la adolescencia no le permite entender ciertas cosas, pero si hasta ahora has trabajado en la línea del respeto y el diálogo las cosas se hacen más sencillas. Pero para ejercer este tipo de crianza, una vez más, no vale con pensar “tengo que hacer X”, al menos no vale mientras sean “retos” propios temporales. Necesitamos asimilar realmente que ese cambio en nosotros mismos, es lo mejor para todos. Necesitamos estar seguros de que queremos y podemos afrontar ese cambio, para dar ese ejemplo.

 

dia del maestro1

 

Cuando nuestro hijo no para de repetir una conducta inapropiada, más que pensar en que nos “desobedece”, debemos pararnos a analizar qué hacemos nosotros en situaciones similares. ¿Realmente actuamos como le decimos que debe hacerlo? ¿Realmente le estamos dando ese ejemplo que predicamos? ¿Y el entorno que le rodea? Es muy importante analizar qué mesaje se le está lanzando al niño con los actos, para poder entender su forma de actuar y responder ante determinadas situaciones.

Analicémonos. Dejemos de pensar que nuestros hijos simplemente no nos hacen caso y pasemos a mirar a fondo qué mensajes les damos continuamente. Muchas veces ni siquiera somos conscientes de que lo hacemos hasta que decidimos pararnos en seco y realizar este análisis. Y no es nada malo, a todos nos sucede en algún momento. Y nos sucede porque nos implicamos con ellos y queremos que sean lo que se suele llamar “personas de bien”. En muchas ocasiones queremos que nuestros hijos no cometan nuestros mismos errores, sin que nosotros mismos los hayamos corregido antes para enseñarles a ellos un camino diferente sobre el que andar y desarrollarse.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies