Papá no te enfades, te amo

Me comentaba un amigo que el otro día caminando por la calle se encontró esta nota a la que no pudo evitar hacer una foto.     Al mostrármela, tuve sentimientos contradictorios. Por un lado la ricura de este niño al expresar así lo que sentía y pensaba, pero por otro lado también palpé su tristeza. Obviamente al ser un papel encontrado en la calle no se conoce su contexto ni qué pudo pasar, pero mi impresión es que para que el niño llegue a expresarlo así tuvo que ser un enfado no solucionado al momento o poco después de que sucediera el hecho.     Al ver esto no puedo más que volver a hablar de las emociones. Esa gran clave en la educación que muchos se van dejando atrás y restando importancia cuando la realidad es que es uno de los pilares básicos de la misma. Para enseñar debemos ser, mostrar. Las personas estamos llenas de emociones y sentimientos que nos hacen actuar de determinada manera. Si yo estoy enfadada es más probable que me comporte de una forma más arisca con el mundo que si me siento bien y feliz, así que en un niño la cosa funciona igual, pues por más pequeño que sea es una persona que además tiene menos recursos que nosotros para afrontar esas emociones que mayormente ni siquiera entiende.     En nuestro día a día es normal que podamos llegar a enfadarnos con nuestros hijos cuando las cosas no van o no se hacen como nosotros esperamos que sean. Como adultos en muchas ocasiones tenemos espectativas para nosotros adecuadas, pero que para un niño aún pueden ser bastante altas. Que nuestros hijos no sigan a pies juntillas cada cosa que se les dice o que repliquen no tiene que ser algo negativo, nuestros hijos están mostrando ahí su capacidad para debatir, intercambiar opiniones y/o pensamientos y mostrar su desacuerdo con cualquier tipo de situación. Estoy segura que como padres no nos gustaría que nuestro hijo en el futuro, se limite a obedecer ciegamente y sin pensar todo lo que le digan, sino que tenga la capacidad de analizar y decidir. Entonces no puede ni debe parecernos mal que esta capacidad nazca prontamente, no debemos prohibirla sino guiarla para que se siga desarrollando en un límite civilizado, con razones y no con imposiciones sin explicación.   En cualquier momento y lugar puede surgirnos un enfado con nuestro niño, y esto más que frustar a ambas partes (aunque a veces sea inevitable) debe servirnos para nutrir de herramientas emocionales y fortalecer lazos. Una discusión puede ser enriquecedora si:  

  • Tenemos en cuenta que nuestro hijo a pesar de tener menos experiencia y faltarle madurez para entender algunas situaciones tiene el mismo derecho que nosotros a expresar cómo ve, vive y siente las cosas en un momento determinado.
  • No ignoramos lo que el niño puede estar sintiendo en ese momento concreto, su tristeza, decepción, rabia… hay que tener un poco de empatía y ponerse en lugar, por difícil que nos resulte para tratar de comprender sus reacciones y respuestas, y de esa forma, ayudarle a adquirir recursos que le ayuden a superarlo.
  • Por ser adultos no siempre tenemos la razón. De hecho a muchos adultos encanta el poner límites porque sí, sin una verdadera razón de peso que justifique una prohibición.
  • No olvidamos que sólo se trata de una exposición de razones y pensamientos y no de cabezonería o de autoridad. Si en algún momento nos damos cuenta de que realmente no podemos justificarlo, no tenemos que vernos obligados a mantener esa decisión. Recapacitar y corregir es un arte de bien. ¿Acaso no esperamos que nuestros hijos sepan hacerlo? Pues empecemos por nosotros.
  • No dejemos a un pequeño desolado dejando un enfado sin resolver. Da lugar a algo como lo visto en la imagen. Un niño expresando sus sentimientos en una hoja de papel encontrada por cualquier persona en medio de la calle, ¿no resulta un poco triste?

  Cada situación adversa que se nos presenta con los pequeños nos sirven para avanzar otro poquito en su educación. No sólo se trata de que nuestro hijo sea educado dando las gracias o las buenas tardes, sino que se conviertan en personas ricas emocionalmente, y para eso tenemos un largo camino donde cada oportunidad es oro.

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