Niños y redes sociales: Cuando prohibir ya no soluciona nada

Niños y redes sociales: Cuando prohibir ya no soluciona nada

    En los últimos meses no paramos de tocar el tema de la seguridad en internet de los más pequeños de la casa, y de lo poco apropiado que puede resultar que hagan uso de las redes sociales sin tener la edad óptima para ello y/o una supervisión adecuada. Sin ir más lejos les expuse los motivos por los que Instagram no es una red social realmente segura para los niños y mostraba que no se trataba únicamente de exponer fotografías. Pero, ¿qué sucede cuando tienes en casa a un/a adolescente?. Pues lo que sucede es que lo que tanto sabes, lo que tanto evitas y de lo que tanto informas te puede dar en toda la cara, como ha sido ni más ni menos mi caso. Para ponernos en situación les recordaré que mi mayor (12 años para 13), llevaba ya dos años solicitando tener su teléfono móvil, que finalmente tuvo hace nada, al cumplir los doce años y con una serie de condiciones. Entre ellas tenía vetado el uso de redes sociales, porque considero realmente que no tiene edad ni madurez para hacer un uso de ellas de forma responsable y consciente. Los dos primeros meses la cosa parecía marchar sobre ruedas y las condiciones parecían completamente interiorizadas y aceptadas. Pero hoy me doy cuenta de que realmente fui una ilusa pensando que una hija adolescente con un teléfono móvil no daría “problemas” en este sentido, encontrándose rodeada de otros muchos adolescentes que ya hacen uso de cualquier tipo de red social. Pasaron los primeros meses y encontramos el primer problema: Instagram. Esta red social me atrevería a decir que es de las más famosas en este periodo de edad. Imagino que estando en la llamada “edad del pavo” esto de tener un lugar exclusivo donde poner nuestras fotos haciendo el gamba es demasiado goloso como para poder evitarlo, sobre todo si tienes ahí a 50 amigas que vitorean cada nueva pose o peinado. En esta etapa de “mira qué guapa soy” “mira qué nuevo modelito me han comprado”… ¿cómo pude pensar que las condiciones realmente se iban a cumplir? ¡Ja! Así que pasados los dos primeros meses la descubrí con una bonita cuenta en Instagram. Sinceramente no tenía nada malo ni raro, todo era muy normal pero aún así los pelos se me pusieron de punta y mi reacción fue prohibir. Mi enfado llegó hasta tal punto que pasó mucho tiempo sin hacer uso del teléfono móvil, quedó requisado, y tuvo que aguantar la charla del día, semana, mes o año. Una vez más ilusa de mí al pensar que esto iba a solucionar el problema. Ya les adelanto yo que no, con un adolescente esto no soluciona absolutamente nada. Estuvo sin móvil varios meses hasta que la vi más tranquila con todo y más centrada con los estudios. Pasado ese periodo volvió a tener su teléfono, con la misma serie de condiciones ya que además esta vez necesitaba que lo tuviese ya que va y vuelve sola del instituto. En la recuperación del móvil también parecía todo absolutamente normal, no había rastro de ninguna aplicación ni red social expresamente prohibida. ¿Pero qué sucedía? Que seguía haciendo uso de ella, con una nueva cuenta y en dispositivos móviles ajenos. Cada vez que podía accedía para actualizar su cuenta desde cualquier móvil de un amigo/a. Así que viendo este panorama me queda totalmente claro que llega un punto en el que prohibir no sirve absolutamente de nada. Podría volver al inicio y eso no evitaría que haga uso de la red social, pues al llegar al instituto o a cualquier lugar donde se encuentre una amiga volvería a tener ese acceso. ¿Qué nos queda en estos casos? La formación. La única capaz de evitar un desastre, formación y educación. Viendo el panorama que me quedaba y las pocas opciones de actuación efectiva que realmente tenía, no me quedó más remedio que enviar una petición y pedir amablemente que me aceptara. Para mi sorpresa no hubo ninguna pega, sobre la marcha fui aceptada y pude ver qué contenía su perfil, que por cierto esta vez tenía perfectamente configurado para que nadie pudiera acceder ni ver qué contenía sin su expresa autorización (la charla de privacidad anterior dio sus frutos). Al ver que había publicado una captura de un grupo de whatsapp (no sé con qué intención) donde se veía un número de teléfono, le expliqué que debía eliminar esa foto ya que publicar datos personales, aún teniendo su perfil de modo privado era un delito y podría tener consecuencias muy graves si alguien lo denunciase, a lo que ella respondió de inmediato eliminando esa imagen y explicándome que no tenía ni idea de que eso fuese así, pero que ya estaba solucionado. Así que ahora no me queda más que observar cómo mi pequeña adolescente va aprendiendo a tener un uso responsable de esta herramienta, guiándola y explicándole el por qué no puede ni debe hacer ciertas cosas. A veces pensamos que las cosas son fáciles de resolver, pero cuando nuestros pequeños ya tienen cierta edad la verdad es que no siempre son como pensamos. Hoy piensas que tu hijo no anda en ningún lugar de eso y mañana te das cuenta de lo equivocada que estabas. La adolescencia es lo que tiene, y cuando todo su círculo más cercano ya hace uso es muy muy complejo conseguir que tu hijo no lo haga. Si te encuentras en una situación similar a lo que yo he vivido el único consejo que puedo darte es: FÓRMALE. Seguir prohibiendo a veces puede suponer más peligro que permitir el uso e ir enseñando.

One thought on “Niños y redes sociales: Cuando prohibir ya no soluciona nada

  1. Ayer descubrí que la pequeña (10 años para 11) se había abierto una cuenta en Instagram cuando hace solo un par de meses fue testigo de cómo retirábamos el móvil a la mayor (13 años) durante una semana por el mismo motivo. La mayor se abrió la cuenta con nombre y apellido, pero no llegó a colgar fotos, y luego no ha vuelto a utilizarla (pese a la insistencia de una de sus profesoras, muy fan de esta RED SOCIAL). La pequeña -que no tiene móvil pero sí acceso a la tablet y el PC de casa- la abrió con seudónimo pero colgó inmediatamente un par de fotos suyas. No he dado de baja sus cuentas porque temía que pasara eso que dices, que abrieran cuentas con seudónimos que luego no pueda seguir, y prefiero sentarme un día con ellas para ayudarles a configurar la privacidad. Agotador.

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