Historia de acoso escolar y TIPS que pueden darnos una señal #StopBullying

Historia de acoso escolar y TIPS que pueden darnos una señal #StopBullying

Hoy traemos de nuevo un tema de bullying. Una historia que me han hecho llegar para que sea publicada, no es una historia mía sino de un lector que ha decidido compartir lo que ha tenido que vivir con su hijo.   El acoso escolar está muy presente, pero por suerte en la actualidad se le está dando la importancia que necesita, se está dejando de minimizar para tomar consciencia del peligro real que esto supone, aunque obviamente aún queda mucho camino por delante. La historia que a continuación podrá leer está publicada tal cual fue recibida.  

Cuando mi hijo empezó el colegio no tenía ni tres años, es de los pequeños de la clase. Al poco tiempo me llamó su tutora, he llamado a la psicóloga, nunca atiende en clase, se porta bien, colabora… pero no es un niño “normal”. Yo ya sabía que no era “normal”, llegó sabiendo sumar aunque no fuera consciente de que lo hacía, conocía las letras….   Y no sabía más porque un familiar me había dicho que si llegaba sabiendo más de la cuenta, se iba a aburrir en clase, y eso era lo que le pasaba, cuando la profesora explicaba él ya lo sabía, y eso además de aburrirle le suponía otro problema, si él lo entendía a la primera, ¿por qué los demás no?   Si, mi hijo es sobredotado, o superdotado, o más listo que el resto.   De alguna manera, él pensaba que los demás eran tontos, y por más que intentábamos explicarle que él era el “diferente”, su impresión no dejaba de ser que estaba rodeado de niños que no se enteraban de las cosas más fáciles del mundo.   Al llegar a primaria empezaron los problemas, una profesora un poco dejada, y unos niños que se vuelven crueles…. Y mi hijo empieza a sufrir lo que ahora se llama acoso escolar y antes eran cosas de niños.   Llega un cumpleaños de una amiga y al recibir la invitación dice que no va, porque le “chinchan”, hay que hacer un trabajo en grupo, y mi hijo no encuentra con quién… Como no compartíamos parque con los más acosadores, era capaz de compartir juegos con otros niños, prestar juguetes, o jugar con los de otros… algún día se llevó juguetes al colegio y no supo explicar porqué volvieron rotos.   Pero le gustaba tanto aprender que nunca dijo que no quisiera ir, y sus notas siempre fueron excelentes, excepto en plástica, que dejó la mitad de las cosas por hacer.   No supe darme cuenta a tiempo, casi al final de segundo, coincidí en el parque con los acosadores, yo me senté en el banco con sus madres y los dos niños se dedicaron a no dejar que mi hijo se columpiara tranquilo, esperé un minuto a ver qué hacían las madres mientras veía la cara de mi hijo mirándome asustado.   Me levanté a gritos diciendo que o le dejaban en paz o iba a explicarles el daño que hacía un balonazo en la cara.   Una de las madres cogió a su hijo y le dijo que como volviera a molestar al mío no volvía al parque, la otra me miró pensando que me había vuelto loca. Yo me quedé a su lado en el columpio, y cuando me fui del parque ni las miré, los niños seguían mirando al mío desde lejos.   Cuando le preguntaba si le molestaban en el colegio no solía responder, pero hacer los pocos deberes que traía, o acabar las cosas en el colegio empezó a ser un sufrimiento.   Al empezar tercero, cambiamos de profesora, yo hablé con ella a principio de curso, y le conté mis sospechas de acoso. Ella me dijo que estaría pendiente, y así fue, nunca se lo podré acabar de agradecer, mi hijo acabó los dos cursos que estuvo con ella con las mejores notas y sin más problemas. Y los dos “compañeros” acosadores no se olvidaron de él, pero aprendieron a respetarle. Ahora, que han pasado diez años y está en la universidad, y hago balance…. No tiene más que una amiga del colegio en el que pasó los primeros 13 años de estudios, Salió para estudiar el bachillerato en otro sitio, y se integró perfectamente en el nuevo instituto, igual que ahora en la universidad.   Me queda ese resquemor de no saber a qué se enfrentaba mi hijo cada día. Y creo que ya va a convivir conmigo para siempre.  

  Muchas veces una vez conocido el problema nos quedamos con ese mal sabor de no habernos dado cuenta antes, pero realmente detectar que esto está sucediendo tampoco es tan sencillo. Sí podemos observar algunos cambios en los niños:  

  • Que de repente no quiera ir al colegio. Aquí cabe el invento de dolores para evitar que se le obligue a ir.
  • Que no esté prestando atención en clase como lo hacía antes. El niño se encuentra distraído pensando en su posible futuro calvario.
  • En casos como el de esta historia, puede suceder que nuestro hijo no quiera hacer las tareas para no seguir destacando e intentar quitarse de ese “centro” de atención.
  • Es importante charlar con los profesores y conocer qué tal van las relaciones sociales de nuestro hijo en el colegio, y sobre todo en el tiempo de recreo.
  • Prestar atención real cuando el niño nos cuenta su día de colegio. Preguntarle e interesarnos a fondo sobre lo que ha hecho y con quién, sin convertirlo en un interrogatorio sino en una conversación amena.

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