Adolescencia y malas compañías

Adolescencia y malas compañías

  Cuando nuestros hijos llegan a la etapa adolescente, en muchas ocasiones el mundo se nos puede volver del revés. Ya no son los niños que eran, cada vez se ven más mayores y creen tener una madurez de la que todavía carecen. En esta etapa las cosas se nos pueden complicar un poquito más de lo que habíamos pensado, y es importante reaccionar y hacerlo a tiempo.   En la adolescencia el círculo social de nuestros hijos puede variar por diversos motivos. Conservarán algunas amistades de la infancia, de otras se alejarán un poco más, pero sin duda más de una nueva amistad llegará a su vida. Bien sea porque nuestro hijo se mueve ya en otros círculos o actividades o simplemente porque otros niños disponen de más libertad para desplazarse y terminar juntándose.     ¿Qué pasa cuando consideramos que esas amistades no son nada beneficiosas para ellos?   Lo primero será asegurarnos de que esa impresión nuestra es completamente real y no estamos prejuzgando. Observar los comportamientos es algo fundamental para asegurarnos del asunto, tanto de estos otros niños como el de nuestro propio hijo. Abandono o pasotismo en tareas o responsabilidades que antes llevaba perfecta y gustosamente. Cambio en la forma de responder y relacionarse con la familia, cambio de vocabulario incluyendo palabras nada aptas para su edad…   Aclaro que en este texto hablo simplemente bajo mi corta experiencia, no tiene porqué servir para cualquier situación o adolescente.   Cuando observamos estos cambios la alarma se activa. En muchos casos no sabemos ni qué hacer, nos invade el miedo a hacer lo incorrecto y que la situación termine de una forma que no queremos. ¿Cómo saber cuál es la mejor opción? Pues dependerá de cómo sea nuestro hijo y nuestra relación.   Yo considero fundamental sacar al niño de ese entorno que no vemos beneficioso (siempre siempre una vez comprobado que es real nuestra percepción). Podemos intentar un cambio de entorno y motivaciones con nuevas actividades que les motiven y gusten de verdad. En esas nuevas actividades sin duda conocerán a nuevas personas y crecerá la opción de crear otro nuevo círculo, enriqueciendo también la vida social de nuestros hijos. Conseguir que pase el menos tiempo posible en ese entorno perjudicial y del que no están sacando nada bueno.   Cambiar un poco las rutinas e incluir nuevas salidas. Mejor que prohibir algo, es ocupar ese tiempo que pasaba con ellos en nuevas tareas o salidas. Muy probablemente protestará al principio al ver ese espacio “invadido” pero una vez fuera siempre que esté entretenido/a se le irá esa idea de la cabeza y comprobará que en otros entornos también puede disfrutar. Intentar alejar la “necesidad” de relacionarse con esas influencias negativas.     Sobretodo, y antes de todo lo anteriormente mencionado es muy importante tener una charla con nuestro hijo y explicarle lo que está sucediendo. Hay que intentar hacerle ver la realidad que nosotros estamos viendo, aunque no tenga la madurez para entendernos por completo.   En mi caso a pesar de hablar y hablar sobre el tema y aplicar algunas medidas, llegó de nuevo la mentira para poder seguir con ese círculo. Al descubrir lo que estaba sucediendo apliqué otra charla, y de momento me he convertido en una lapa. Considero necesario que entienda las consecuencias de no poder confiar y de tener que asegurarme por mí misma que es cierto lo que me vaya a decir. Al descubrir mi jugada su cabreo ha sido considerable, pero de momento está dando resultados. Sigo pensando que una semana con una lapa pegada a ella será suficiente para que entienda las consecuencias, después volveremos a charlar sobre la confianza e iremos soltando un poco dándole margen para que pueda recuperar esa confianza mermada por la mentira.   ¿Que estaré siendo bastante dura? Posiblemente sea así, yo también siento que estoy siendo un poco radical pero también lo considero completamente necesario. Cuando su inmadurez no le permite entender lo que le explicas, hay que tomar alguna medida. Como madre no puedo dejar que emprenda un camino que la aleje de la persona que era, de sus principios, de su educación. Esos caminos se emprenden fácilmente, sobre todo cuando hay influencias externas, pero recuperar después el tuyo propio es muy, muy difícil, sobre todo cuando van adentrándose aún más en esa etapa adolescente.     situación similar

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