Acompañar en las emociones

Nuestros hijos desde que nacen y sin necesidad de saber hablar, nos expresan sus necesidades y emociones. Si nuestro pequeño es un bebé y tiene hambre, llorará, al igual que si tiene frío o necesita contacto físico. [piopialo]El llanto es su forma de comunicación para expresarnos su necesidad[/piopialo], y por esto, debemos estar preparados para atender , educar, y acompañar en las emociones.

 

 

A medida que va creciendo, su llanto aparte de expresar necesidad también puede expresar alguna emoción que no es capaz de poner en palabras, por ejemplo desconsuelo o frustración. Aunque nuestro pequeño vaya madurando y ya  no le veamos tan pequeño, [piopialo]no debemos olvidar que como niño que es, hay cosas que aún no sabe expresar de otra forma[/piopialo]. Somos nosotros los adultos, teniendo ese conocimiento ya adquirido por nuestra madurez los que [piopialo]debemos darles herramientas para aprender a gestionar esas emociones[/piopialo], sin olvidar que con razón o sin ella, tienen derecho a sentirlas. Obviamente muchos adultos no tuvieron ayuda en su aprendizaje de gestionar emociones, y esto a la hora de ser padres, complica un poquito más en muchas ocasiones el entender todo lo que conlleva y la gran importancia para el desarrollo del niño.

 

En esta etapa aún complicada, muchos papás terminan optando por probar métodos totalmente conductistas como puede ser la tabla de premios, donde sí, los métodos son efectivos pero, ¿te has parado a pensar qué les enseñas realmente con ellos?

 

Veamos este vídeo donde se nos enseña a crear esta tabla, y prestemos atención real a los premios que muestra como adecuados la persona que se muestra:

Mi opinión totalmente personal es que [piopialo]no podemos condicionar el contarles un cuento a nuestros hijos ni el jugar con ellos[/piopialo], entre otros. De este modo el mensaje real que les estamos dando a los pequeños es que para tener nuestra atención, para poder jugar con sus padres debe cumplir unos requisitos. Es como venderle el tiempo de juego o su cuento, ya que le pedimos algo a cambio de ello. Aquí para el  niño se pierde la importancia real que tiene el cumplir una norma, o realizar alguna tarea, porque lo que marcamos para ello no es esa importancia ni los valores necesarios, sino el premio posterior. Igualmente pasa si el  premio ofrecido al niño es algo material.

Otro método conductista es la famosa silla o rincón de pensar (a veces resulta ser también la habitación del niño). Sobre esto no puedo añadir más a lo que Cristina García nos explica:


Hay momentos en los que como padres podemos llegar a saturarnos, bloquearnos mental y emocionalmente y optar por un método conductista. Cuando eso suceda, somos  nosotros los que deberíamos pararnos a reflexionar qué va a aprender realmente el pequeño. Si el acto que hacemos de verdad le dará las herramientas para entender y aprender a superar esa situación sin que vuelva a repetirse y de esa forma, educar, o si por el contrario nuestro hijo corregirá la conducta no porque haya aprendido nada, sino por miedo.

 

Nadie es madre o padre perfecto y todos cometemos nuestros errores, yo la primera, pero sí pienso que es necesario pararnos a valorar la realidad. Sobre todo con estos métodos que además se suelen aconsejar a otros padres, porque aunque aparentemente estén cumpliendo su función, la finalidad real que era educar, no la cumple.

No dejemos que nuestros hijos se sientan abandonados emocionalmente por algo que no les aportará nada positivo.  El acompañamiento y guía es totalmente necesario para ellos.

 

6 comentarios

  1. Información Bitacoras.com

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  2. Debo reconocer que tienes la mente llena de razón. Pese a que mi formación fue mayoritariamente conductista, no apruebo el uso de los citados métodos por si solos, como una herramienta de la que echas mano una vez esta bien. El abuso de estas medidas es perjudicial; quienes llegamos en un momento dado a recomendarlas, debemos indicar que son medidas momentáneas en lo que los padres fortalecen otras habilidades y capacidades que les serán más funcionales a la hora de educar.

    • Eso es, exactamente!! Son métodos que a la larga traerán otra clase de problemas, pero ¿qué difícil es ser padres y educar verdad? A veces ante métodos así no nos paramos a valorar realmente el mensaje que les estamos dejando a los pequeños, hay que andarse con bastante ojo. Un saludo y gracias!

  3. No puedo estar más de acuerdo, Zulema. De nunca me han gustado estos métodos y desde luego, no pienso utilizarlos con mi hijo, puede que sean un atajo para evitar ciertos problemas a corto plazo, pero ¿Y a largo plazo? ¿Qué les estamos enseñando? Las emociones son naturales y como tales deben ser tratadas y no querer conducirlas o manejarlas. Muy buen post.

    • Así es Elena, la cuestión real es aprender primero a comprender esas emociones que siente el niño, empatizar para después poder solucionar. Pero ciertamente muchas veces cuesta pararse a ver qué está sintiendo el niño en ese momento, mayoritariamente requiere de un gran ejercicio por nuestra parte, pero efectivamente es el método más reconfortante. Unbeso!

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